La ciencia y la fe por Murtada Mutahhari

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Hemos visto la relación que existe entre la humanidad del hombre y su animalidad o, en otras palabras, la relación entre nuestra vida cultural y espiritual y nuestra vida material. Resulta evidente que la humanidad en el hombre es genuina e independiente, no un mero reflejo de su vida animal.

Es también evidente que la fe y la ciencia son los dos constituyentes básicos de la humanidad del hombre. Deseamos investigar seguidamente el tipo de relación existente entre estos dos elementos o aspectos de la humanidad, si tal relación existe.

En el cristianismo se ha encontrado una amplia aceptación a la opinión de que, desafortunadamente, han costado cara a la ciencia y a la fe, debido a la errada interpretación de algunos pasajes del Antiguo Testamento, del libro de Génesis.

En el Génesis 2:16-17, donde se trata de Adán, el Paraíso y el Árbol Prohibido se dice: “…Yahveh Dios… dio (al hombre) este mandato: “De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás”.

En Génesis 3:1-7 se dice: “Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yaveh Dios, dijo a la mujer: “¿Con qué os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del Paraíso?” y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del Paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del Paraíso nos ha dicho Dios: “No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir. Y dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del Bien y del Mal”.

Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comer, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él sabiduría, y cogió de su fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió. Abriéndoseles los ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de higuera y se hicieron cinturones.” En el mismo Génesis: 3:23, se dice: “Y le arrojó Yaveh Dios, del Jardín del Edén, a labrar la tierra de que había sido tomado”. De acuerdo con esta interpretación del hombre, de Dios y del pecado, la voluntad de Dios (religión) es que el hombre no deba poseer el conocimiento del bien y del mal y no deba volverse consciente a plenitud. El Árbol Prohibido es el árbol del conocimiento. El ser humano pecaminoso, al desobedecer la voluntad divina (desobedeciendo a los profetas y las leyes de Dios) obtiene el conocimiento y por lo tanto, es expulsado del Paraíso de Dios. Según esta interpretación todas las tentaciones son tentaciones del conocimiento, de modo que el demonio tentador es la inteligencia.

Según hemos aprendido los musulmanes en el Corán, Dios enseñó a Adán (PB) todos los Nombres (realidades) y entonces ordenó a los ángeles que le hicieran reverencia. Satanás fue expulsado de los dominios de Dios por negarse a rendir homenaje al vicario de Dios, quien estaba en conocimiento de las realidades. La tradición nos ha enseñado que el Árbol Prohibido era algo similar a la codicia, avaricia y cosas semejantes, todo lo que pertenece a la animalidad del hombre, no a su humanidad. El demonio tentador siempre extravía a la gente de la sabiduría y la tienta con deseos animales y lo que representa lo demoníaco en el hombre es su concupiscencia, no su inteligencia. Para nosotros, que hemos aprendido esto en el Corán, lo que está escrito en el Génesis no puede ser creíble.

Es esta misma interpretación la que divide la historia de la civilización en Europa, en una era de fe y una era de ciencia durante los últimos 1,500 años y contrapone la ciencia y la fe.

Por el contrario, la historia de la civilización islámica es dividida en una Edad de Oro, que es la era de la ciencia y de la fe, y una edad de decadencia, en la que tanto la ciencia como la fe han declinado. Nosotros, los musulmanes, debemos evitar esas falsas interpretaciones, que han causado un daño irreparable a la ciencia, a la humanidad y a la fe. A partir del triunfo de la Revolución Islámica del Irán, el Islam ha conocido un nuevo resurgimiento en los pueblos musulmanes del mundo que han recibido el eco de este extraordinario movimiento en que un pueblo se sacudió el yugo de siglos e implantó nuevamente el sistema islámico de vida, religioso, político y económico, opuestas a la fe misma.

Intentaremos analizar ahora este problema y desde una aproximación científica indagar si estos dos componentes de lo humano, fe y conocimiento, pertenecen a una determinada era. ¿Está destinado el hombre a ser semi-humano todo el tiempo y en cada era poseer sólo la mitad de su humanidad?; ¿está siempre destinado a uno de estos dos infortunios, el que proviene de la ignorancia y de la falta de conocimiento o de la falta de fe?

Más adelante constataremos que toda fe, no importa cuál sea, se basa en un cierto modo de pensar y en una particular interpretación del mundo y de la existencia. Sin duda alguna, muchas interpretaciones del mundo, aún cuando puedan servir de base a la fe y a su devoción, no están de acuerdo con los principios científicos lógicos y son inevitablemente rechazadas. Esta no es la solución.

El problema es sí existe algún punto de vista o interpretación del mundo y de la existencia que pueda ser respaldado por la ciencia, la filosofía y la lógica y pueda también constituir la firme base de una fe plena. Si puede probarse que semejante interpretación, pensamiento y punto de vista existen, entonces el hombre no será víctima de uno de los dos infortunios. En relación con la fe y la ciencia esto puede discutirse desde dos puntos de vista. El uno sería si es posible que exista una interpretación que pudiera acrecentar nuestra fe e ideales y que al mismo tiempo sea lógica. El otro tiene que ver con la posibilidad de que los pensamientos inspirados por la ciencia y la filosofía estén todos contra la fe, la esperanza y el optimismo. Este problema lo abordaremos posteriormente en el capítulo “Cosmología”.

El segundo aspecto es la influencia de la ciencia sobre el hombre y sobre la fe. ¿La ciencia conduce al hombre hacia un punto diferente al de la fe, oponiéndose la una a la otra?; ¿pretende la ciencia hacer algo diferente?; ¿nos arrastra la ciencia hacia un lado y la fe hacia otro?; ¿son la ciencia y la fe complementarios, siendo la ciencia una mitad y la fe su complemento? Veamos qué nos ofrecen la ciencia y la fe.

La ciencia nos confiere poder e ilustración, mientras que la fe nos brinda amor, esperanza y calor. La ciencia crea tecnología y la fe propósitos. La ciencia nos provee con ímpetus y la fe con caminos. La ciencia es habilidad y la fe buena voluntad. La ciencia nos muestra lo existente mientras que la fe nos inspira lo que debemos hacer. La ciencia es la revolución externa, la fe es la interna. La ciencia hace el mundo humano y la fe eleva el espíritu humano. La ciencia expande al hombre horizontalmente y la fe lo promueve verticalmente. La ciencia da nueva forma a la naturaleza, la fe moldea al hombre. Tanto la ciencia como la fe confieren poder al hombre. Lo que la ciencia da a los seres humanos es una fortaleza con desapego mientras que la fe ofrece una fortaleza con adhesión.

Tanto la ciencia como la fe son belleza, siendo la ciencia belleza del saber y la fe belleza del espíritu. La ciencia, como también la fe, brinda al hombre seguridad contra las ansiedades, la soledad, el desamparo y lo absurdo. La ciencia armoniza al hombre consigo mismo.

La humana necesidad de ciencia y fe ha ocupado completamente las mentes de competentes eruditos, sean religiosos o no. El sabio Muhammad Iqbal Lahori[1] piensa que “la humanidad actual tiene necesidad de tres cosas: una interpretación espiritual del universo, la emancipación espiritual del individuo y un conjunto de principios universalmente sostenidos que explicarían la evolución de la sociedad humana sobre una base espiritual. La Europa moderna, sin duda alguna, construyó sistemas idealistas que recalcan estas ideas, pero la experiencia enseña que la verdad revelada a través de la pura razón es incapaz de producir ese fuego de viva convicción que sólo una revelación personal puede brindar.

Esta es la razón por la que el pensamiento sólo ha influenciado muy poco al hombre, mientras que la religión siempre ha elevado a los individuos y transformado sociedades enteras. El resultado es un ego pervertido buscándose a través de democracias mutuamente intolerantes y cuya única función es explotar al pobre en interés del rico. Créanme, Europa hoy es el mayor obstáculo en la vida del progreso ético del hombre. Los musulmanes, por otro lado, poseen esas ideas últimas que son el resultado de una revelación que brota de lo más profundo de la vida y da intensidad a su propia aparente exterioridad. Para cada musulmán, las bases espirituales de la vida son un problema de convicción por el que cualquier persona entre nosotros fácilmente entregaría su vida”[2].

Will Durant, el conocido autor de “Historia de la Civilización”, a pesar de no ser religioso cree que la “diferencia entre el mundo antiguo y el mundo moderno industrializado es de medios y no de fines… ¿Qué sucedería si todo nuestro progreso fuera un mejoramiento de métodos, pero no de propósitos?”[3]. Agrega posteriormente: “Nuestra riqueza fatiga y nuestra sabiduría es una lucecita débil que se enfría; pero el amor exalta el corazón con una manifestación ilimitada”[4].

Hoy es generalmente aceptado que las ciencias y la pura educación científica son incapaces de perfeccionar a los seres humanos. Humanizan parcialmente la humanidad. El producto de tal educación es un material humano, no un ser humano perfecto. Producen seres humanos poderosos y capaces pero no virtuosos. Este tipo de educación crea personas unidimensionales, no multidimensionales. Hoy todo el mundo se da cuenta que la época de la sola ciencia ha pasado y que una falta de ideales amenaza la sociedad.

En nuestro país, también, un llamamiento a la cultura humanística y sobre todo a la literatura mística, como la de Maulavi (Rumi), Saadi y Hafez, se ha hecho sentir para hacer frente a esta carencia de ideales, sin darse cuenta del hecho que el atractivo espíritu de esta literatura están también inspirados por la religión.

El espíritu humanista de esta literatura nace del muy religioso espíritu islámico. Ello explica porque la literatura moderna es tan fría, desalmada y poco atrayente, a pesar de todas las pretensiones humanistas que contiene.

Nuestra literatura mística tiene su origen en un cierto modo de reflexionar sobre el mundo y el género humano que es la esencia del pensamiento islámico. Si a esas obras maestras de la literatura las despojamos de su espíritu islámico, sólo quedaría la escoria.

Will Durant es uno de aquellos que se dan cuenta de este vacío y propone la literatura, la filosofía y el arte como un remedio. A este respecto dice: “Nuestras escuelas y colegios han sufrido mucho por la concepción de la educación de Spencer, quien la concibe como el ajustamiento del individuo a su medio ambiente; era una definición muerta, mecánica, tomada de una filosofía mecánica y desagradable para todo espíritu creador”.

El resultado ha sido la conquista de nuestras escuelas por una ciencia teórica y mecánica y paralelamente la exclusión de materias tan ‘“inútiles” como la literatura, la historia, la filosofía y el arte. Una educación puramente científica produce sólo instrumentos; hace gentes extrañas a la belleza y les da poderes que están divorciados de la sabiduría. Hubiera sido mejor para el mundo si Spencer jamás hubiera escrito sobre educación[5].

Si bien, Will Durant confiesa que este vacío, en primer lugar, se produce en el campo de los objetivos, fines e ideales y ha conducido a absurdos; a pesar de estar de acuerdo que esta es una brecha entre una cierta manera de pensar y una cierta fe en las intenciones y en los objetivos humanos, es extraño que pueda crear poder ser llenada por algún tipo de espiritualidad, aún cuando esta no vaya más allá de la imaginación. El cree que el interesarse por la historia, el arte, la belleza, la poesía y la música puede salvar este vacío que se origina en las profundidades de la naturaleza idealista y  perfeccionista del hombre.

[1]  Erudito y poeta musulmán (1873-1938), fundador de la República de Pakistán.

[2] La reconstrucción del pensamiento religioso en el Islam, Lahore. 1.962. p. 179.

[3] Will Durant, “El placer de la filosofía”, p. 240

[4] Id. P. 114

[5] Id. P. 168

Fuente: El Hombre y la Fe, Murtada Mutahhari, Fundación Cultural Oriente, Qom, Irán, segunda edición, 2011.  Páginas 21 a 29.

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